domingo, 14 de mayo de 2017

“El Miralejos” amigo para toda la vida.


En Santa Gertrudis hace mucho calor algunos dicen que ahí es el infierno, lo cierto es que en ese pueblo no hay otra cosa que hacer, salvo ver morir el tiempo, es un pueblecito Minero y en él hay muchos fuereños que van a trabajar como mineros.  ¡Andrés es mi amigo!  Ya de mucho tiempo,  pues a casa de sus papas llegaba a dormir y ahí pagaba para que me lavaran y plancharan la ropa, con ellos comía y en la habitación de hasta atrás de la casa ahí dormía.  A toda esa familia  yo creo les caía  muy bien, decía doña Elisa que le gustaba mucho cuando les contaba historias y luego don Melchor un minero retirado siempre me tenía mi  mezcalito o pulque.

 ¡A como me sonsacaba ese Don Melchor!

En esa misma casona vieja con amplios corrales, llegaba a comer de vez en cuando un tipo moreno con poco bigote y de estatura baja, tenía como los ojos medio saltones,  risueño y bueno para tomar Cerveza. Se llamaba Jorge y por el problema de sus ojos le decían el Miralejos, entre las pláticas me conto que era de un ranchito muy jodido cercano a Tilapa, en Guerrero. Que tenía hijos y esposa, que para buena música la de su Pueblo. Cada que lo veía me decía lo mismo

¿Oiga Lic. Cuando nos vamos a mi pueblo?  

Allá Ud. Conocerá lo que es la buena vida, dormiría en hamaca y escuchara como el viento canta y huele a mar… y de comer… mejor ni le digo que seguro estoy que se va querer quedar allá..

¡La comida de Doña Elisa era tremendamente sabrosa! siempre comía a eso de las 2:30 pm y despuesito me salía a la calle a ver pasar a la gente, o mejor dicho a matar el tiempo.

Esa Tarde después de comer como que me dio eso que le dicen “El mal del puerco”  te medió mareas y el sueño pega muy fuerte, me senté sobre un balde en esa callecita que da directo a la Mina, el sol en aquel pueblito del Norte pega y quema. Ya hacían varios minutos que la chicharra del cambio de turno de la mina  había sonado y salían en grupos, los mineros sucios enlodados y fatigados.

Los vi venir,  Andrés fumaba y el Miralejos reía, como siempre reía sin saber de qué, o será que yo siempre lo miraba reír  ¡la mera verdad ya ni se! Cuando pasaron frente a mí, Andrés dijo; ¿Y luego Pepe cuando llegaste?

Ayer en la Noche, le conteste. El Miralejos dijo pos a  celebrar tu vistita con unas buenas cervezas…
Pedí 3 Victorias y se sentaron uno en el suelo otro sobre una roca.

Platíquenme de la Mina les dije, ambos hicieron un ademan así como rechazando el tema, mejor otro día dijo Andrés y el Miralejos reía.

Me acuerdo clarito, como si fuera ayer.  El tendero tenia música a medio volumen del Piporro entonces cedimos la plática y quedamos un rato escuchando esas canciones tan burlescas y dicharacheras. Y los tres nos reíamos.   Serian como 5 rondas de cerveza o tal vez más pero nos pusimos alegres, entonces ya fue que me empezaron a contar de la Mina.

----Cuando me meto ahí adentro, a la garganta del cerro siempre mis piernas tiemblan y pos me pongo a rezar pero en mi lengua, porque quiero que sepas que el castellano no es mi Lengua, entonces le pido al cerro que me perdone, porque poco a poquito lo voy matando, a mí me duele hacerlo porque le sacamos la sangre, pero pos uno es bestia, uno no es de estudios ¡como tú! Pero quiero que sepas que ya merito me voy a ir hasta allá, de donde soy y tú me visitaras y tú también Andresito…

Un día llegue como cada 22 días a ese Pueblo Minero y todo fue habitual, al segundo día pregunte por el Miralejos. Así nomás, se fue… me dijeron.

Andrés me conto todo y me quede callado  ¡esa tarde-noche me tome 7 Victorias muy heladas! Al día siguiente me fui a trabajar.

Conocí Tilapa en Guerrero y fui hasta ese lugar de donde el Miralejos nació y donde un día salió para hacerse Minero, la casa era igualita a como el me la había descrito, el viento tenia olor a Mar y entendí porque se reía tanto, me lo imaginaba acostado en la hamaca.

No sabía cómo llegar,  si gritar o pasarme hasta el corral, pues en esos lugares las casas ni puertas tienen, entonces grite ¡Buenas Tardes...! Y se asomó una señora muy al estilo de aquella región,  tras observarme brevemente  y escuchar mi presentación  me invito a pasar y a sentarme en el fresco patio de la casa.

¡Mirna tráele un vaso de agua al Señor!

Mirna era una niña de unos 10 años, de esas niñas que crecen rápido porque la vida las hace adultas rápido, prontamente me trajo un vaso de Agua, que nunca más he probado en otro lugar, ¡un agua tan deliciosa, tan fresca tan de México! Voltee a ver a esa mujer Tlapaneca y me miraba con desconfianza pero sobresalía más la gentileza y amabilidad. Las primeras palabras que pude lanzar después del trago de agua fueron…

Soy Amigo de Jorge, de Jorge Hernández, el semblante de aquella humilde mujer cambio y ahora era de asombro, sin decirme nada sus ojos me interrogaban.  Las palabras que le dije no las pensé, me salieron de no sé de dónde.

Vine hasta acá porque quiero saber si fue cierto que existió, que no fue un invento de mi mente que  ese al que le decían Miralejos tuvo historia.

Jorge un día entro a la Mina pero nunca más salió, se quedó adentro junto con otros,  a  lo mejor el cerro se lo comió porque necesitaba alguien alegre alguien que todo el día estuviera riéndose. Y aquellos Canadienses que le sacan la sangre al Cerro, me dijeron y decían que jamás existió ese tal Jorge Hernández.

Pasaron algunos segundos que sentí como horas  y el frio de la muerte se apodero de aquella tarde calurosa en un poblado empobrecido  de  Guerrero, la mujer no dijo nada, entonces entro un niño y era igualito al Miralejos, ahí supe que si había existido mi amigo.


No hay comentarios: