miércoles, 25 de mayo de 2016

La cerca de Piedra.



Como un recuerdo mágico recuerdo aquel pueblito caluroso de San Martin de Bolaños, sería la predisposición que me llevaba a observar detenidamente cada calle, cada casa, cada árbol y cada persona, era una predisposición enferma que comenzaba desde que atravesaba el puente para entrar al pueblo. Lo cierto es que gente empistolada nunca vi, bueno solamente una vez, pero nada de alarmarse. El paisaje previo  a llegar a San Martin es de cercas de piedra por todo el camino, cercas que dividen los campos de los agricultores o que resguardan  a los animales.

El calor que pega ahí, sí que es brutal, un calor que estremece y hace que te hierba la sangre, por el día en las calles y en los estrechos caminos pululan un sinfín de mineros y también mineras, hombres y mujeres con sus ropas de mezclilla y sus cascos  y chalecos de color naranja, todos sucios con sus caras embarradas de lodo y sabe cuánto mineral,  con sus bototas y con sus ojos perdidos de cansancio.

 El acento de aquel lugar tan recóndito es brusco, aquella gente de San Martin sí que es brava pero también son grandes amigos.  
Aquel poblado me parecía un tanto fantástico, mágico, lleno de sucesos increíbles y fue precisamente algo mágico que me contaron y que vi, que hasta el día de hoy no puedo darle explicación. 

La gente más mayor (así como dicen allá) y uno que otro joven que se dedican al campo, son verdaderamente unos juglares, cuentan muchísimas cosas que ciertamente  no son tan sencillas de explicar.  Allá usan unos bellísimos sombreros de sotol,  puntiagudos, de cola corta y largos de frente, solo por encargos se hacen esos sombreros y cada vez hay menos personas que los hacen, los jóvenes no saben hacerlos y los viejos van muriendo sin heredar su saber.

Recuerdo muy bien aquella tarde de mayo, seria por estas fechas,  llevaba unas cuantas horas en el pueblo y ya me andaba por tomar cualquier cosa fría  y por ahí por los callejoncitos que dan a la plaza hay una tienda con estantería viejísima y con mosaicos y paredes como de 100 años, la tienda ciertamente parecía una puerta al pasado,  pedí una cerveza y me senté bajo la sombra de un huizache, rápidamente termine la primera y después la segunda cerveza,  sin percatarme a mi costado había dos viejos enclenques, pero eso sí muy corriosos, los mire de reojo y sin más regrese la mirada a donde mismo, ya sería como la cuarta cerveza cuando los mire de nueva cuenta y uno de aquellos señores traía un sombrero  verdaderamente hermoso,  de sotol me gustó tanto que increpe al dueño y le pregunte sobre donde lo había comprado, el viejo sin inmutarse  ni mirarme si quiera de reojo siguió mirando a la nada con su pierna cruzada a la otra,  entonces el otro viejo me miro y dijo háblale más fuerte muchacho, que esta medio sordo,  y le hable más fuerte y hasta le grite pero nada, el otro anciano burlesco no le quedo de otra que responder mi pregunta, ese sombrero no lo encontraras en ningún lado muchacho, él es el único que sabe hacerlos por estos rumbos. Aquel sombrero era único las trenzas de sotol.

El sombrero era verdaderamente peculiar estaba finamente trabajado y celosamente detallado cada curva era verdaderamente una obra de arte,  la punta del mismo tenía una caída hermosísima y a dichos del viejo era un sombrero tipo “duende”.

La plática se extendió entonces supe que mis compañeros eran don Evaristo Fregoso y don Calixto Cruz este último dueño de la sordera y del sombrero, en aquel lugar el ambiente era tan apacible que el tiempo no me importaba a pesar de que tenía que subir al Rojo de los Altos y que este era el último y único Camión que pasaría en todo el día. Empezamos con el tema de los sombreros después con el tema de los muertos y hasta que me conto su vida Don Evaristo, pedí otra cerveza y como lo vi motivado que de una vez pido el cartón, a final de cuentas me saldría más barato, ni tarde ni perezoso don Calixto que estaba sordo y que no había dicho una palabra nos miró como pidiendo una cerveza, y en cuestión de 30 minutos este ya oía muy bien y hasta mentaba a sus rivales del pasado,  el ambiente era tan grato, la tarde ya estaba cayéndose, a lo lejos se escuchaba la mina trabajar arduamente, en la tienda estaba a un sonido bajo, pero que bonito se escuchaban las canciones de Cuco Sánchez. Y Don Calixto y Don Evaristo a plática suelta.

 Me pareció increíble escuchar la vida de Don Calixto,  tuvo 4, su esposa llevaba ya más de 20 años de fallecida y fue un niño huérfano que por aquellos tiempos de la Cristiada  llego a San Martin, cosas más y cosas menos.

Oiga Don Calixto  ¿cómo es eso que a su edad sigue trabajando?
Y respondía sencillamente…eyyy… 

En toda la región don Calixto era el único que se dedicaba a hacer las Cercas de Piedra,  cosa que no podía creer, el viejo fácilmente tenía más de 85 años, era delgado y muy alto con ropa bien limpia, sus cejas resaltaban porque eran grandes y de un color como la nieve, usaba huaraches y su chaqueta tipo charro sin olvidar su sombrero.

Pues sí, el viejo trabajaba de eso,  construía las cercas de piedra que dividían los campos,  no lo podía comprender  ya que es un trabajo arduo y complejísimo ya que se debe acarrear cada piedra y acomodarla cuidadosamente,  la plática se extendió  y esa tarde hicimos una apuesta a que don Calixto construyera una cerca de 10 metros, él solo en 2 horas,  si el perdía me daba su sombrero y si ganaba yo le daba mil pesos,  nos fuimos al campo, muy cerca de donde convivíamos y se sentó sobre una piedra y puso sus codos sobre sus rodillas y sus manos en las mejillas, Evaristo y yo solo nos reíamos, obviamente sabíamos que nos había engañado, fue entonces que bajamos a un arroyuelo mientras Calixto se quedó sentado en el mismo lugar, no pasaron ni 30 minutos cuando regresamos la cerca ya estaba terminada…

No di crédito de aquello que paso,  di varios argumentos, creí que todo había sido un truco,  pero al final no me quedo otra cosa que pagar la apuesta, me sentí timado. Esa tarde perdí el camión y dormí en la banqueta de aquella viejísima tienda de pueblo, al día siguiente cuando desperté sobre mi rostro tenía un sombrero de sotol único. Salí de aquel pueblo a las 11 de la mañana  gracias a un aventón que me dieron hasta Chimaltitán.
Regrese a los 2 meses y busque por todos lados a los dos viejos bribones, sin tener éxito, la señora de la tiendita aquella, me dijo que andaban por la sierra y que seguramente regresarían cuando terminaran las aguas… le platique a la señora lo que había pasado aquella vez…

Mira muchacho Calixto es muy raro, el solo ha construido todas las Cercas de Piedra que hay a los alrededores de la región… la gente aquí le tiene miedo, porque dicen que tiene un ejército de duendes que le ayudan en todo, no por algo le dicen el ¡Duende…!

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