miércoles, 5 de diciembre de 2012

Los primeros reglamentos del Trabajo en México.-



En la época colonial ya habían aparecido algunos reglamentos y ordenanzas para el trabajo, es pues que el mismo Hernán Cortes, en 1524 proclamo cinco ordenanzas especiales  sobre veedores y para uso de los encomenderos constituyendo esto el primer reglamento  del trabajo en el nuevo continente.

Posteriormente las Cartas de las Indias, manifestaban la forma en que debía recompensar el trabajo, conteniendo que los religiosos no se podrían servir de los indios y en caso necesario se les pagase.

En tiempos del virrey Velasco, la semana de trabajo era de 6 días, se estableció   el salario en 1 real diario.

Algunas de las ordenanzas establecieron otras mejoras como cuando se laborase en sitios distantes se hiciera el pago un sábado y que se alzara la obra una hora antes para la paga.

Bajo el virreinato del conde de Monterrey (1599) empezó a aparecer el trabajo voluntario, sobre todo en lo ingenios y la vigilancia especializada por medio de los veedores los que cuidaban el pago regular de los salarios, de que no se trabajara de noche y que no se detuviera a los asalariados mas de una semana, los confiteros y sombrereros debían tener aprendices durante dos años y los jugueteros hasta tres años, los hiladores de seda y chapineros cuatro años como máximo.

Conde de Monterrey.-

Las ordenanzas disponían que las mujeres no fueran encerradas para hilar y tejer etc. Todas estas ordenanzas tienen en común con las leyes del siglo XXI, que   no se cumplían,  en aquéllas épocas todavía no figuraba la Ley de Amparo, y ni siquiera había Tribunales en donde se ventilaran los conflictos de índole laboral, como ejemplo tenemos el siguiente relato.
El 4 de julio de 1582, dos años antes de que el Obispo Pedro Moya y Contreras, fuera el primer inquisidor en Nueva España, años en que la Iglesia desempeñaba un papel superior  al gobierno civil, el cabildo tenia que realizar las cuentas de la hacienda metropolitana y estimo que los salarios de los cantores y ministriles, eran muy altos y acordó reducirlos.
Tanto los cantores como los ministriles abandonaron el trabajo por lo cual quedo la catedral  del arzobispado sin canto y sin música, la huelga duro del día 10 al 22 de agosto, hasta que intervinieron  las autoridades eclesiásticas y solucionaron el conflicto mediante el pago de los sueldos dejados de percibir durante el tiempo trabajado y la promesa de reducirles los sueldos originales. 

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