miércoles, 19 de diciembre de 2012

Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana.-




Basta con mirar la cara de Sor Juana Inés de la Cruz, para darnos cuenta de su infinita belleza, era una mujer hermosa y si a esto le sumamos su inteligencia sin duda embelesaría a cualquier hombre, su obra poética refleja un grito de sentimientos, que a su vez van en contra de las costumbres anacrónicas de la época.

Su máxima aspiración era asistir a la Universidad, cosa imposible para aquella época de la colonia, relataba ella mismo que su intimidad con la lectura de algunos volúmenes en la biblioteca de su abuelo la introdujo en el amor por el conocimiento, se obligaba al aprendizaje castigando su vanidad femenina cada ocasión que las lecciones no eran asimiladas con la prontitud que deseaba, la cabellera sufría las consecuencias disminuyendo en tamaño lo que el entendimiento negara en prontitud.

Maestra del autodidactismo; por buscar los caminos de la libertad intelectual, que le fueron negados al no permitir su aspiración Universitaria. La decisión de ingresar al convento fue debido a que el autodidactismo la llevo a un grado intelectual y sentimental el cual no había en la época,  tenía una insatisfacción amorosa pero no de forma vulgar, si no que  no había algún hombre que comprendiera sus aspiraciones.

Cultivaba las Matemáticas, Filosofía, Teología, Música etc. Logrando una completa colección de más de 4000 volúmenes en Griego, Latín, Español y Portugués, murió la madrugada del 17 de abril de 1695. Vivió para el conocimiento y las letras y por ellas se consagro, un soplo de amargura es toda su literaria.

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