viernes, 7 de diciembre de 2012

El Derecho del Trabajo en la La Constitución de 1857.


 El día 5 de febrero de 1856 en el congreso constituyente ya se visualizaba la creación de reformas con mayor contenido social, y uno de los diputados que mas interesado estaba en agregar contenido social, manifestó que “aun no era el tiempo”  este diputado fue Ponciano Arriaga, sobre este tema en especifico el Abogado Laborista Néstor de Buen en su libro “el Estado de Malestar” * comenta  al respecto que ello ocasiono que se retrasaran 60 años dichas reformas que el mismo siglo XIX reclamaba.

Sin embargo opinamos lo contrario ya que la vida política y social del país atravesaba por conflictos verdaderamente trágicos, las conspiraciones eran el pan de cada día aunado a las invasiones y a las crisis económicas, todo ello hacia que el país viviera en constantes tribulaciones, por ende era mejor la búsqueda de una estabilidad política, económica y social que el reconocimiento de unos derechos que en esos momentos eran secundarios.

Así mismo debemos considerar que el Poder Judicial estaba perdido, no tenia definición ni proyecto, ya ni imaginar que pretendía ejercer su autonomía en harás de una justicia social,  y la creación de reformas en esta materia solo seria papel muerto como muchas leyes y reformas que perecen por ser ineficaces y ajenas a la realidad social del País.
                                                   
Se hace necesario  reconocer y apreciar los puntos de vista de grandes juristas y políticos de esta época que buscaban la reivindicación de los trabajadores, hombres como Ignacio L. Vallarta e Ignacio Ramírez, que arengaron en la máxima tribuna del País.

“El mas grave de los cargos que hago a la comisión es de haber conservado la servidumbre de los jornaleros, el jornalero es un hombre que a fuerza de penosos y continuos trabajos arranca de la tierra, ya la espiga que alimenta, ya la seda y el oro que engalana los pueblos. En su mano creadora el rudo instrumento se convierte en maquina y la informe piedra en magníficos palacios. Las invenciones prodigiosas de la industria se deben aun reducido numero de sabios y a millones de jornaleros, donde quiera que exista un valor allí se encuentra la efigie soberana del trabajo”
                             
“Antes el siervo era el árbol que se cultivaba para que produjera abundantes frutos, hoy el trabajador es la caña que se exprime y se abandona… Mientras el trabajador consuma sus fondos  bajo la forma  de salario y ceda sus rentas  con todas las utilidades de la empresa al socio capitalista, la caja de ahorros es una ilusión al igual que el banco del Pueblo es una metáfora, el inmediato productor de todas las riquezas no disfrutara de ningún crédito mercantil en el mercado, no podrá educar a su familia, perecerá de miseria en su vejez y en sus enfermedades en esta falta de elementos sociales encontrara el verdadero secreto de porque vuestro sistema municipal es una quimera”
“La nación Mexicana no puede organizarse con los elementos de la antigua ciencia política, porque ellos son la expresión de la esclavitud y de las preocupaciones, se necesita una constitución  que organice el progreso, que ponga orden en el movimiento ¿a que se reduce esta constitución que establece el orden en la inmovilidad absoluta? Es una tumba preparada para un cuerpo que vive. Señores nosotros acordamos con entusiasmó un privilegio al que introduce una raza de caballos o inventar un arma mortífera, fundemos una Constitución que se funde en el privilegio de los menesterosos, de los ignorantes, de los débiles para que de este modo mejoremos nuestra raza y para que el poder publico no sea otra cosa que la beneficencia organizada”*
Por otro lado el constituyente contaba con una ilustre mente jalisciense, Ignacio Luis Vallarta,  el joven de 26 años tuvo una participación extraordinaria y aunque su postura era contraria a incluir preceptos de orden social ala constitución, causo una profunda emoción entre los demás congresistas.

“El derecho al trabajo libre, es una exigencia imperiosa del hombre, porque es una condición indispensable para el desarrollo de su personalidad… la esclavitud del trabajador no debe pues existir entre nosotros. Él debe de disponer de su brazos y de su inteligencia del modo mas amplio y absoluto; ni la ley incapaz de proteger para estimular el trabajo, ni el amo exigente en sus pretensiones, ruin en el salario y tal vez despótico en su conducta, podrán hacer abdicar ala hombre  su libertad, para ejercer su industria según su propio interés, único consejero infalible en materia de la producción de la riqueza…
Yo lo mismo que la comisión repruebo estos abusos y quiero que la ley sea potente a evitarlos y castigarlos… yo lo mismo que la comisión reconozco que nuestra constitución democrática será una mentira, mas todavía un sarcasmo  si los pobres no tienen sus derechos mas que detallados en la Constitución, pero Señor esta, en mi juicio es la cuestión… Decía señor ¿en el estado actual económico de los pueblos es posible llegar a cortar de raíz los abusos de que con justicia nos estamos quejando?  Sin la proporcional distribución del trabajo, con los excesos de una loca y avara hija de una competencia sin límites y encausada por los fríos cálculos del interés individual, sin la justa proporción entre la población y la riqueza y por consiguiente sin el equitativo pago del trabajo sin la organización social  de este, con una industria que por dar que hacer a las maquinas quita al hombre su subsistencia y su trabajo, con un estado económico en fin, como en el que vemos hasta en los pueblos que marchan al frente de la civilización ¿Es aquello posible?... que me respondan los publicistas, si creen que las Constituciones puedan curar tan graves males…”*
Ignacio L. Vallarta

Los tiempos no estaban a la comparsa de las inquietudes del desarrollo sobre justicia social, era evidente que los problemas que atravesaba México a mediados del siglo XIX, necesitaron mayor atención, pero a pesar de la tan prolongada discusión solo nació un articulo 5, el cual podemos aseverar que es el padre del articulo 123 constitucional dicho articulo muy escueto y sencillo “nadie puede ser obligado a prestar servicios personales, sin la justa distribución y sin su pleno consentimiento” La ley no puede autorizar ningún contrato que tenga por objeto la perdida o el irrevocable sacrificio de la libertad del hombre, ya sea por causa de trabajo, de Educación, o devoto religioso, tampoco puede autorizar convenios en que el hombre pacte su proscripción o destierro. Todo esto solo quedo en palabras vagas, sabemos que años después en las haciendas henequeneras como en otras mas, se vivía en esclavitud.

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