domingo, 16 de septiembre de 2012

!Antes de que fuera Arena Coliseo!

El predio que ocupa hoy la Arena Coliseo en Guadalajara fue hace muchos años el Palacio de Oñate o Medrano...


En  1567, Cristóbal de Oñate mandó construir un palacio para vivir en esta ciudad de Guadalajara, dicho inmueble se localizaría hoy entre las actuales calles de Medrano y la Calzada Independencia Sur, esta mansión  era de altos y bajos"; Oñate nunca vivió en el Palacio.

Esta casona era "inmensa en su mole, triste en su aspecto, desafiante por su macices, simulacro y recuerdo de las antiguas construcciones tapatías; de anchos muros, corredores aplastados, vigas de madera, techos encajonados, ventanas apretadas, patio empedrado y pozo colonial, lo que todo le daba cierto dejo de pavor, de misterio y de abandono". Pues resulta que este Palacio de Oñate, Palacio de Medrano o Palacio de la Ahorcada (dele el nombre que usted quiera), sucedió una tragedia que dio motivo a una historia y tradición a esta ciudad tapatía. 




Al comenzar el siglo XVII murió Santiago de Vera, quien gobernaba a la Nueva Galicia, en estos casos estaba previsto que mientras llegaba el nuevo nombramiento de España, se escogiera un gobernador local, "o bien, arribada éste trayendo asido dicho título para sí, debía ocupar el puesto de Oidor Decano.

En esta ocasión, le tocó ser Oidor Decano de la Audiencia del Nuevo Reino de la Galicia, este señor quiso ser monje pero no lo logró, pasó el tiempo y se casó con Beatríz; ya para 1608 habitaba la casona de Oñate; tuvieron varios hijos, pero en esta historia sólo nos interesarán Diego y Ana. Ana era una niña muy bella y cuando cumplió sus once años, se fugó de su casa y se refugió en el convento de Santa María de Gracia; ahí pasó su pubertad y su preparación, tranquila y feliz. Pasados ocho años, su padre la sacó del convento (ya que no la quería religiosa) porque la quería casar con el joven Pedro de Salcedo, así que "al cabo de un año ya la tenía casada con un mancebo noble y rico, el cual le dio muchas joyas y prendas.

Hízose una boda con gran solemnidad y aparato, con regocijos de máscaras y de toros, así por la calidad del esposo como por la autoridad de los padres, y por las amables prendas de la novia". Para la pobre de Ana este fue un golpe tremendo, pues ella quería seguir con su vocación de religiosa y la casan por la fuerza; pobrecilla, quedó loca, se le veía angustiada caminando muy triste por esos oscuros corredores, tétricas alcobas y desolados patios, la chispa de sus ojos se había perdido y sólo se escuchaban los lamentos y lloriqueos de ella.

Al paso de tiempo, su cerebro casi estallaba por sus delirios, sus enojos y por ese sabor amargo de su desventura, así que un buen día ya muy desesperada, ingirió solimán (sublimato corrosivo) y cayó al suelo abrasándose el abdomen y le gritó a su madre quien fue a su auxilio; después de un eficiente remedio, la libraron de la muerte que ella tanto deseaba.

A los varios días, intentó arrojarse por una ventana, pero sus hermanitas que por ahí jugaban, la sujetaron a tiempo evitando que Ana cayera. De nuevo intentó desplomarse de un balcón y su padre ágilmente trató de salvarla, pero Ana, tan confusa y perturbada, no lo reconoció y le hizo "dar tan despiadada y mortal caída, que a poco más ahí mismo lo deja listo para la sepultura".




Al ruido y alboroto que ocasionó esto, los familiares y servidumbre corrieron a ver qué pasaba, así que cargaron con el Oidor y a Ana la encerraron en una alcoba. Dejemos un momento a la señora Ana y su moribundo padre, y veamos a Diego, el otro hijo de esta pareja: Diego era un joven muy alegre, "divertido genio, gallardo brío, gentil compostura, bullicioso y valentón, y de libre y disipada lengua, por lo que dio muchos desazones a sus padres... y tenía a muchos ofendidos".

Diego fue novicio de Santo Domingo en el convento de la ciudad de México, hasta que logró ser sacerdote. Un día de esos, venía Diego de cierto casorio que se había celebrado cerca de la casa de sus padres, montando en su brioso caballo, pronto dejó atrás al indio que lo acompañaba y le servía de mozo; cual fue la sorpresa del indio al encontrar a su amo muerto en el riachuelo de San Juan de Dios; lo extraño era que el arroyo tenía poca agua, ¿acaso fue matado por venganza de sus muchos enemigos? ¿Fue muerte natural? ¿Jugarretas del destino? Enterraron a Diego en algún pueblo vecino, posiblemente Analco.

Al pasar la tragedia de su hijo, se agravó el estado de Francisco, los médico le dijeron que ya "la vida se le iba", así que "dispuso sus cosas y mandó se trasladase el cuerpo de su hijo, del pueblo donde había sido enterrado, al mismo sepulcro que al suyo se le diese". Mientras que doña Beatriz atendía a su moribundo esposo, Ana aprovechó que no la cuidaban y se ahorcó; cuando su madre la encontró en ese estado tan terrible sintió desmayar, la amortajaron en secreto, la vistieron con un hábito de San Francisco y le dijeron a los sacerdotes que había muerto súbitamente, así que la enteraron en San Francisco esa misma tarde.

A las pocas horas después expiró su padre y a la mañana siguiente lo enterraron en la misma sepultura de Ana, y con ellos el cuerpo de Diego; Navarrete en su "Compendio de la Historia de Jalisco", nos dice que: "Este triste acontecimiento causó pavorosa sensación entre los vecinos de la ciudad y se esparció el rumor de que los tres muertos se aparecían en las noches, paseándose por el palacio, por las orillas del río y por el centro de la ciudad...". Cosa que hizo que muchos horrorizados vecinos huyeran a otros barrios de Guadalajara.

Remodeló este edificio el oidor Francisco de Medrano en 1740, la gente bautizó ahora a esta casona como el Palacio de Medrano; en 1750, se comenzaron a celebrar las audiencias en el sitio del actual Palacio de Gobierno y el Palacio de Oñate comenzó hacia su ruina. Al tiempo se reparó y sirvió de mesón, pasaron los años y se convirtió en vecindad (también como cuartel). En 1918, se dividió esta vieja finca en predios y en 1931, por los meses de julio y agosto, este edificio se destruyó, desapareciendo así el más antiguo de los monumentos históricos de esta ciudad, el Palacio de Oñate, Palacio de Medrano o Palacio de la Ahorcada. Actualmente este terreno está ocupado por la Arena Coliseo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sería preferible que no pusieran fotografias a poner fotografias que no corresponden con la historia.