viernes, 24 de octubre de 2008

Bajo aquel árbol


Bajo aquel árbol te mire y te contemple.
Me pareciste como aquellas diosas de Atenas,
porque tu belleza era sin igual,
quede perplejo al sentir mis labios como imanes que
pretendían chocar con los tuyos,
y quede atónito cuando tus ojos chocaron con los míos
y tras esas chispas de fuego que produjeron tus ojos y los míos.
Quede abatido, cansado de contemplarte toda la tarde bajo aquel árbol.

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